Instituto de Estudios Penales | Bahia Blanca |

¿Es posible universalizar el piquete como forma de protesta?

Milagro Sánchez


                A partir de la propuesta de desarrollar el siguiente trabajo desde el análisis sobre la Libertad de circulación y protesta, la intención será examinar de qué manera estos derechos se ven contrariados ya que al encontrarse en un mismo plano de igualdad el ejercicio de uno de éstos anula la posibilidad de llevar a cabo el otro.

Con el propósito de realizar el análisis desde una postura filosófica la intención será en primera medida analizar cada uno de estos derechos por separado, para luego descubrir desde dónde surge la imposibilidad de que se lleve a cabo el pleno ejercicio de uno de ellos, sin alterar el ejercicio del otro. Luego se intentará desarrollar un análisis acerca del piquete como forma de protesta, para luego arribar a una posible respuesta a la pregunta que da título al presente trabajo, es decir, se estudiará desde una postura Kantiana la posibilidad de universalizar la acción llevada a cabo en los piquetes como forma de protesta.

Respecto de los derechos podemos decir que el derecho que el art.14 de la CN formula como de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio, puede considerarse equivalente a la llamada libertad de circulación o locomoción. El derecho de permanecer apunta a una residencia más o menos estable que la posee tanto  un turista o residente transitorio como aquel que resida permanentemente.  La permanencia confiere el derecho a tránsito, que hace referencia a la posibilidad de cambiar de residencia dentro del país y a circular.

Por otra parte, el derecho de reunión  encuentra su base constitucional en el  art.33 de la CN  y además en el art.22 cuando incrimina como sedición la acción de toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a su nombre.

Puede decirse que este derecho se encuentra en íntima relación con otros dos derechos como son el derecho de petición y la libertad de expresión. El primero señala el derecho que poseemos todos los ciudadanos de peticionar a las autoridades y consta en el art.14 de la CN. La petición es un derecho que pertenece, como sujeto activo a los hombres y a las asociaciones. Los hombres lo pueden ejercer individualmente o en grupo. El sujeto pasivo es siempre el Estado a través de sus órganos. Este derecho obliga al órgano requerido a responder, lo que no significa que deba necesariamente hacer lugar a lo pedido.

Por otro lado la libertad de expresión es el derecho a hacer público, a transmitir, a difundir y a exteriorizar un conjunto de ideas, opiniones, críticas, creencias, etc., a través de cualquier medio. En nuestra constitución no existe artículo que lo proteja, pero es un derecho relacionado a la autonomía de la conciencia del hombre.

Es necesario introducir aquí  la noción de igualdad que plantea Kant. Cuando el autor habla del tipo de igualdad que es necesaria en una sociedad bien ordenada hace referencia a una igualdad entre ciudadanos independientes  que se encuentran en una situación de igualdad respecto a la libertad de actuación, a la libertad externa.

Cabe aclarar entonces,  frente a lo expuesto anteriormente respecto a la libertad de circulación y protesta, que cuando hablamos de ellas hacemos referencia a dos ejemplos de  libertad exterior, y que ésta consiste en un obrar que carece de coacción externa, es decir se puede denominar libre a una acción cuando puede llevarse a cabo sin obstáculos o impedimentos externos.

Relacionando lo dicho hasta aquí con las ideas kantianas desde las que pretendo analizar el tema, cabe destacar la postura que adopta el autor frente a dicha temática.  La libertad en ojos de Kant, consiste, pues, en “someter el arbitrio individual a los principios de la razón, que nos eleva por encima de los restantes animales pero que, por pereza y sobre todo por temor, procuramos evitar ejercer”  1

Introduciendo la postura kantiana a la problemática por analizar, podemos decir al respecto que Kant considera el problema jurídico como una problema de justicia distributiva, siendo el bien que hay que distribuir la libertad jurídica y no riquezas materiales. Es decir que desde esta perspectiva de libertad la única fuente de opresión o no-libertad es la conducta interferidora de los otros.  Es necesario introducir aquí el planteo acerca de los piquetes como una forma de protesta que, si bien se realizan ejerciendo los derechos de reunión y petición, las formas en que son llevados a cabo terminan interfiriendo en la libertad del resto de los ciudadanos de circular libremente.

Los piquetes consisten en la  protesta de los ciudadanos  como una manera de demostrar algún tipo de resistencia frente a alguna medida tomada con la que se encuentran en desacuerdo; la finalidad de un piquete es la de generar cambios ante una situación de desacuerdo, ya sea de orden político, económico, ambiental, social, etc. En algunas ocasiones, la realización de un piquete abandona su categoría de convocatoria pacífica, y se convierte en una manifestación con actos de violencia o vandalismo. Aquí los piquetes  se realizan cortando rutas o avenidas y anulan así la posibilidad de circulación por éstas de otros individuos. Es en este punto donde se ve claramente el cruce entre las libertades trabajadas (circulación y protesta). Para verlo más claramente, mientras un grupo ejerce su pleno derecho a la protesta (piqueteros) el otro grupo (los demás ciudadanos que no participan de ella) se ve imposibilitado de ejercer otro derecho como lo es el de  libre circulación.

Frente a esta situación es que surge la pregunta central del trabajo: ¿es posible universalizar el piquete como forma de protesta?
Para acceder a la respuesta a dicha pregunta es necesario hacer una salvedad respecto de la noción de igualdad que se encuentra en Kant, “todo aquel que está bajo leyes en un Estado es súbdito, y con ello queda sometido al derecho coercitivo al igual que todos los otros miembros de la comunidad, con la excepción de uno solo (persona física o moral), el jefe del Estado, sólo por quien toda coerción jurídica puede ser ejercida. Porque si éste también pudiera ser obligado, ya no sería el jefe del Estado…” .

De esto se desprende  que la igualdad jurídica a la que Kant hacía referencia anteriormente sería solo una igualdad de súbditos. Considerando la obediencia que, según Kant, se le debe al soberano va a ser innegable afirmar que para él  la protesta no se funda en un derecho legítimo de los ciudadanos, por el contrario el único derecho efectivo que conserva el súbdito kantiano frente a los desafueros gubernamentales, va a decir Kant, es la posibilidad de crítica.

“Aunque el pueblo no tiene ´derechos de coacción ´sobre el soberano, tiene en cambio ´derechos inalienables frente al jefe del Estado´. Para poder manifestarse frente a lo que cree una injusticia, el ciudadano debe tener la facultad de ´dar a conocer públicamente su opinión´; esto es, la ´libertad de pluma´ que ´es el único paladín de los derechos del pueblo´.

Se puede reprochar en este sentido que el error de Kant es considerar el derecho de resistencia o protesta como una facultad del ciudadano individual de poder rechazar aquellas leyes que no son de su agrado, ya que el derecho de resistencia se presenta como una reacción colectiva frente a desafueros gubernamentales muy graves, una vez agotadas las vías legales de opinión, es decir no se trata de una cuestión de ´gusto´.

El  imperativo categórico Kantiano ´obra de tal manera que puedas querer que la máxima que guíe tu acción se transforme en ley universal´ en su versión jurídica se transformaría en ´obra externamente de tal modo que el uso de tu libre arbitrio pueda coexistir con la libertad de cada uno  según una ley universal´. Observando la versión jurídica de dicho imperativo es innegable que debemos  admitir que la postura kantiana frente a la posibilidad de universalizar los piquetes como forma de protesta sería negativa. Es necesario aclarar dónde reside la negativa kantiana frente a esta posibilidad. En primer lugar  la medida adoptada por los piquetes no constituiría una forma de resistencia legítima de los ciudadanos  ya que éstos, según Kant no cuentan con la resistencia como una forma de protesta, sino que la única opción que tendría para comunicar su descontento sería dar a conocer su opinión, pero no existiría la posibilidad de llevar a cabo una protesta, en este caso un piquete, que vaya en contra no sólo de los derechos que se encuentran amparados en la CN, ya que si bien el derecho de petición existe pero  no debe desarrollarse de esta manera; sino también de los derechos que la CN adjudica a todos los ciudadanos , como es la libertad de circulación. En segundo lugar, intentar universalizar el piquete como forma de protesta nos llevaría a establecer un imperativo que se opondría por completo a la postura kantiana, ya que ésta no pierde de vista que  el valor moral de nuestras acciones se mide de acuerdo al tipo de acción que hayamos realizado y según la máxima que nos haya guiado en dicha acción; de esta manera la versión del imperativo categórico kantiano en este caso se transformaría en algo semejante a decir que ´cada vez que te encuentres en desacuerdo con las medidas tomadas por los distintos poderes del Estado, protesta de tal forma que ésta llegue a inhibir los derechos de los demás ciudadanos´. Una máxima de este tipo jamás podría universalizarse, y de esto evidentemente se desprende que el piquete como forma de protesta tampoco podría ya que alteraría  no solo la dinámica de la sociedad sino también los derechos de todos los ciudadanos, y no me refiero solo a los ciudadanos que no participan de él y que se ven imposibilitados de ejercer su libertad para circular, ya que los ciudadanos que llevan a cabo esta protesta lo hacen en contra de la  autoridad y cometiendo el delito de sedición contemplado en el art.22 de nuestra CN. Es por este motivo que el piquete no puede considerarse un simple acto en el que los ciudadanos ejercen su derecho de reunión o petición, ya que traspasa el límite de estos derechos cuando se realiza una acción armada que peticiona atribuyéndose los derechos del pueblo y en su nombre.

Para concluir podría decirse que en estos casos donde se produce un cruce de derechos, se entra en un debate al  nivel de los dilemas morales; ya que al igual que en  éstos entran en juego diversas cuestiones a la hora de tomar una decisión. En el caso de los dilemas morales se dice que deben considerarse tres resortes que guían nuestra acción, y éstos son las emociones, las razones y los valores. Claro está que no podemos dejarnos llevar por las emociones porque resultan sumamente subjetivas, son cambiantes y nunca son universales ya que los intereses varían de acuerdo a cada persona; por esto es necesario introducir la razón en este punto porque ella nos da la capacidad de reflexionar, es decir nos permite buscar los fundamentos que justifiquen nuestra opción y en ellos puede verse que se toma en cuenta la posible consecuencia de los actos así como también se mide de qué manera pueden éstos afectar  los intereses de todos los implicados en mi acción, y por último los valores nos posibilitan la reflexión acerca de la decisión a tomar o de la conducta a seguir. En el caso de estos actos de protesta, se suma, además de estas cuestiones de índole moral, las cuestiones relativas al derecho. Una vez más en este caso podemos ver la forma en que derecho y moral se relacionan, y si bien es necesario aclarar que no son lo mismo, como tantas veces se los ha identificado por el simple hecho de que ambos nos proporcionan normas de conducta, si podemos decir que se complementan. Ambos son saberes prácticos que nos guían en nuestras acciones. Es necesario descubrir en este punto la importancia que tiene, en casos como estos en donde derechos de la misma índole se entrecruzan, poder ya no marcar la diferencia sino intentar lograr el complemento necesario entre moral y derecho para poder llegar a la humanización. Es decir, descubrir que mas allá de la posibilidad que tenemos de ejercer los derechos que nos son propios no podemos dejar de tener en cuenta los derechos de los demás. Estoy convencida de que sólo uniendo las normas que ofrece el derecho con  las formas de acción que nos propone la moral vamos a poder alcanzar el propósito de lograr una sociedad más justa, más igualitaria y más respetuosa por los derechos de la humanidad en su conjunto.


  1 Barceló, Joaquín; Selección de escritos políticos de Kant, Estudios públicos, 1989. 

BIBLIOGRAFÍA

• Contreras Peláez, Francisco; El tribunal de la razón. El pensamiento jurídico de Kant, ED.Mad-eduforma, 2005.
• Polanco-Díaz, Héctor. Los dilemas de la diversidad.
• Barceló, Joaquín; Selección de escritos políticos de Kant, Estudios públicos, 1989.
• Cohen Agrest, Diana; Inteligencia ética para la vida cotidiana, Bs.As. Ed. Americana, 2006.
• Cortina, Adela; El quehacer ético, Guía para la educación moral, Madrid. Ed. Santillana, 2006.

Otoño 2009


 


 
You are here: Home Filosofía ¿Es posible universalizar el piquete como forma de protesta?

 Consultas

Las consultas pueden realizarse a info@iestudiospenales.com.ar. No se responderán cuestiones atinentes a accionares delictivos y procedimientos a seguir en su caso.   

Artículos de Doctrina.

El Instituto de Estudios Penales invita a estudiantes de derecho y abogados, a realizar trabajos personales propios de la temática penal o filosófico penal. Presione aquí para mas información.

 Facebook

El Instituto de estudios penales posee su cuenta en facebook, si desea hacer consultas por esta vía presione aquí.