Instituto de Estudios Penales | Bahia Blanca |

La desobediencia civil en los cortes de ruta llevados a cabo por el sector agropecuario durante su conflicto con el gobierno

Milagro Sánchez

Las cuestiones abordadas en la siguiente investigación se vinculan directamente con la crisis que se produjo durante el año 2008 entre el gobierno argentino y el sector agropecuario, crisis que se produjo a partir de la iniciativa del gobierno por imponer un sistema de retenciones al sector agropecuario. La investigación se desarrollará analizando dicho conflicto  desde el concepto de Desobediencia civil que desarrolla Jürgen Habermas. La investigación estará orientada a descubrir de qué manera se vio reflejada la desobediencia civil de la que habla el autor, en los cortes de rutas producidos por el sector agropecuario en conflicto con el gobierno y analizar cómo influyó  la imposibilidad de generar espacios de diálogo para la construcción del consenso.
Con la intención de analizar desde dónde y para qué se llevan a cabo determinados procesos de desobediencia civil, voy a tomar como eje central el planteo acerca de la posibilidad de una política deliberativa y una teoría de la acción comunicativa desarrollada por J.Habermas.
Partiendo desde el inicio del conflicto, o para ser más clara, desde el momento en que se intentó abordar una posible solución a dicho conflicto puede verse claramente que el tipo de acción que se llevo a cabo para alcanzarla no fue el adecuado, sobre todo si consideramos la propuesta habermasiana de una acción comunicativa orientada al entendimiento. Para comprender esto más claramente a continuación intentaré establecer un paralelismo con las principales características que desarrolla Habermas en su teoría con referencia a la acción y las distintas acciones llevadas a cabo tanto por el gobierno como por el sector agropecuario con el propósito  de alcanzar el acuerdo.
Es necesario establecer la diferencia que marca el autor entre una teoría de acción que postula un acuerdo y aquellas acciones que simplemente constituyen influencias externas. Según el primer tipo de acción los actores se vinculan en la interacción para fundar un saber común: “llamo común a un saber que funda acuerdo (...) Acuerdo significa que los participantes aceptan un saber como válido, como intersubjetivamente vinculante.” (Habermas, 1989; pág. 481).
De acuerdo con esto, podemos decir que el vínculo no se alcanza a través de la influencia, no puede forzarse, ni podemos imponérselo a la otra persona, y de aquí se desprende que solo aquellos actores que coordinen sus acciones respecto a un acuerdo y en base a éste lleven adelante su plan de acción, sólo ellos estarán realizando una acción orientada al entendimiento.
A esta altura podemos preguntarnos: ¿cuál es la importancia del entendimiento en relación al tipo de acción que llevemos a cabo?
Para este autor el entendimiento funciona como un  “mecanismo de coordinación de la acción” , es decir, sólo por medio del entendimiento pueden los actores ponerse de acuerdo sobre la validez que pretenden para sus saberes, sólo por él pueden entenderse entre sí, con respecto a una situación particular y a la forma de actuar en relación a ella. La actitud orientada al entendimiento es “la actitud de participantes en la comunicación, de los que uno ejecuta un acto de habla y el otro toma una postura con un “si” o con un “no”.”( Habermas; 1989, pág. 499).
Plasmando estas ideas del autor en la realidad del conflicto gobierno-campo, se puede ver claramente que lejos de pretender fundar un acuerdo y de coordinar sus acciones con vistas a una pretensión de validez compartida; la postura que adoptaron ambos grupos fue la de intentar ejercer algún tipo de influencia no argumentada sobre las decisiones e ideas de sus oponentes. Estas  acciones no estaban guiadas por el entendimiento y la capacidad de poder comprenderse a través de actos de habla; sino que lo que primaba en cada una de las acciones llevadas a cabo por los dos grupos era evaluar el éxito que se podía alcanzar mediante la influencia ejercida. Es decir que ambos grupos estaban por caminos totalmente alejados de aquellos que los conducían a postular o fundar el acuerdo. Este modelo de acción que utilizaban hace referencia al modelo estratégico de acción, modelo que Habermas opone al de la acción comunicativa, ya que justamente se refiere a aquellas acciones en las que quienes las realizan lo hacen orientados según su propio éxito y que, además, están “reguladas por el intercambio y el poder”; relaciones de intercambio entre los ofertantes y los demandantes y relaciones de poder entre los que mandan y los que obedecen.
En este punto se suma un concepto clave para el desarrollo del trabajo: el concepto de relaciones de poder.
Considerando a la política deliberativa como una pieza central del proceso democrático, Habermas desarrolla una teoría del discurso en la que manifiesta que la consolidación de dicha política está en estrecha vinculación con la capacidad de llevar adelante procesos de acción orientados al entendimiento a través de  “los procedimientos democráticos o en la comunicación de los espacios públicos políticos” (Habermas; 1998, pág.375)
La política deliberativa es  entendida como un modelo de democracia  que integra “Un  procedimiento ideal de deliberación y la toma de decisiones” ( Habermas, 1998; pág.372). Teniendo presente  esta idea de política deliberativa, podemos decir que  los procesos de acción realizados por los grupos en cuestión, no fueron más que intentos vanos de ejecutar procedimientos de deliberación, ya que pudo verse claramente en los encuentros que se dieron entre el gobierno y el sector agropecuario, que el ideal de comunicación incesante, participativa y comprensiva que debe darse entre el sistema político y el espacio de la opinión pública, según la propuesta habermasiana,  fue en primera medida opacado por la necesidad de ambos grupos de imponer lo que consideraban desde su lugar la única solución posible, y en segundo lugar este ideal fue reemplazado por la firmeza que ambas posturas tuvieron a la hora de decidir, considerando en este momento solo los propios intereses y sin ánimo de poder llegar a un acuerdo o consenso; por el contrario enfatizando en la posibilidad de influir y convencer a sus oponentes con respecto a las decisiones que cada grupo debía tomar.  Como pudo verse a lo largo del tiempo en que tuvo lugar dicho conflicto, las formas que se experimentaron para alcanzar el acuerdo parecieron abordar todas las vías posibles de comunicación, sin que pudieran conseguir, lo que en palabras de Habermas sería un saber intersubjetivamente vinculante, es decir el acuerdo.
Una vez agotadas todas las instancias de comunicación, viendo que el conflicto seguía tan firme como en el primer momento en que se desencadenó y sin vistas a obtener una posible solución, se podría decir que cada una de las partes ejerció sus derechos más propios y llevó a cabo aquellas acciones que se encontraban a su alcance y que, creían, conducirían a la tan ansiada solución del problema.
Es sumamente importante aclarar a  qué me refiero cuando hablo de sus derechos  más propios y de acciones que se encontraban a su alcance, y quiero decir lo siguiente: el gobierno haciendo uso del poder que dispone por configurar el sistema político del país, intentó solucionar el problema convirtiendo en ley la resolución que había desencadenado el conflicto (resolución 125/08: decreto- ley de retenciones móviles), creyendo que de esa manera el sector agropecuario solo tendría que atenerse a cumplir con la ley que sancionara el poder legislativo, tal y como corresponde a cualquier sistema democrático representativo. Lejos de esto el sector agropecuario en total disconformidad con la medida tomada ejerció también su derecho propio realizando así distintos actos de protesta, alcanzando la máxima atención los cortes de ruta que demostraban su desacuerdo con las medidas tomadas.
De lo dicho hasta aquí surge un punto central en la investigación realizada, ya que nace  la incógnita que dicha investigación intenta revelar: ¿constituyen los cortes de ruta realizados por el sector agropecuario un tipo de desobediencia civil? ¿Se trata de una genuina desobediencia civil? Y si  constituyen un tipo de desobediencia civil ¿se corresponde al concepto de desobediencia civil que plantea Habermas? ¿Persiguiendo qué fin se llevan a cabo dichas acciones?
Para poder contestar estas preguntas y abordar a una conclusión en la investigación será necesario detenerse a analizar el concepto de desobediencia civil que acuña la teoría habermasiana para conseguir establecer posibles semejanzas o diferencias entre ella y los actos de protesta plasmados en los cortes de ruta realizados por el sector agropecuario.
Habermas, tomando la noción que expresa John Rawls, considera a la desobediencia civil como “un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno”. (Habermas, 1997, pág.55).
El autor insiste en explicar que dichas acciones de protesta constituyen actos ilegales, en tanto que son contrarios a la ley y conllevan necesariamente a la violación de una norma, pero también reconoce que son dichos actos los que luchan pretendiendo alcanzar fundamentos legitimadores para los distintos actos llevados a cabo en un estado democrático.
Intenta expresar argumentos que expliciten la validez de la desobediencia civil, como una defensa del ciudadano que resulte indispensable para la legitimación del Estado. Por esto reconoce a la desobediencia civil como la “piedra de toque de un estado democrático de derecho”, es decir como el punto de apoyo desde dónde el ciudadano puede hacer valer sus derechos, otorgándole legitimidad al Estado y a la vez puede velar por una política que resulte en algún punto participativa y deliberativa, en el sentido de que los ciudadanos pueden, reconociendo aún su incapacidad de “mandar”, dirigir el uso del poder de aquellos representantes que ellos mismos eligieron.
También aclara que existen condiciones que deben cumplirse para que se dé una desobediencia civil justificada: “La protesta debe dirigirse contra casos muy concretos de injusticia manifiesta; es necesario que se hayan agotado las posibilidades de acción legal correspondiente al caso y las actividades de desobediencia no pueden alcanzar dimensiones que pongan en peligro el funcionamiento del orden constitucional” (Habermas,1997,pág.55)
Teniendo en cuenta lo expuesto hasta aquí, indagaré en la posibilidad de que los cortes de ruta constituyan un tipo de desobediencia civil.
Si consideramos que los cortes de ruta como actos de protesta, se organizan en  forma de resistencia para intentar demostrar su disconformidad con los actos del gobierno e intentar un cambio en el rumbo de sus decisiones, y así también se realizan como actos públicos, que luchan contra lo que ellos creen una injusticia de un caso concreto (en este caso convertir en ley la resolución 125) y lo efectúan luego de haber agotado todas las instancias posibles de alcanzar el consenso, podríamos hablar de una desobediencia civil en términos habermasianos. Sin duda la dificultad surge en el momento de realizar el análisis en base a la última condición que debe darse para reconocer una desobediencia justificada: no se debe poner en peligro el orden constitucional, eso requiere esta condición; y sin embargo podemos descubrir claramente que el acto de protesta en la forma que adoptaron los partidarios del sector agropecuario, es decir, los cortes de ruta, trasgredían el simple hecho de realizar una simple protesta, iban más allá violando derechos de los demás ciudadanos, como lo es el derecho a la libre circulación y muchas veces este cruce de derechos terminaba instalando la violencia entre quienes realizaban los cortes y quienes pretendían ejercer su derecho a circular libremente.
Con lo dicho hasta aquí podemos concluir, que los cortes de ruta realizados por el sector agropecuario en el conflicto con el gobierno no constituyen una desobediencia civil justificada, ya que no cumple con las condiciones para que ésta se realice de tal manera. Por el contrario parecen hacer referencia a la necesidad de encontrar alguna vía de acción que encuentra posible, en su énfasis por hacer ver su descontento con las medidas tomadas por el poder político en vistas de defender intereses  propios. Aunque también en este punto es necesario resaltar que si la protesta de este sector alcanzo esta dimensión, no es cuestión de culpar solo a una parte del conflicto, sino que el hecho de que se haya llegado a este tipo de acción está íntimamente relacionado con la incapacidad de ambas partes de alcanzar el acuerdo, de consensuar en ese saber común que los vincule intersubjetivamente, es decir de la incapacidad de los integrantes del conflicto de realizar sus acciones orientadas al entendimiento.

Bibliografía
-Habermas,J (1997). Teoría de la acción comunicativa. Complementos y estudios previos. Cap.11 Observaciones sobre el concepto de acción comunicativa. Ed. Cátedra.
-Habermas (1998) Facticidad y validez. cap.VII: Política deliberativa: un concepto procedimental de democracia. Madrid. Morata.
-Habermas (1998) Ensayos políticos: La desobediencia civil. Piedra de toque del Estado democrático de derecho. Barcelona. Ed. Península.
-Boladeras, M. (1996) Comunicación, ética y política. Cap.III: La problemática de la racionalidad. Madrid. Ed.Tecnos

Otoño 2009

 

 


 


 
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