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La invalidez de las actas policiales estriba en los vicios formales de su realización y no en las aparentes contradicciones internas. Dan plena fe de su contenido.

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Causa "YURGENS, Alfredo Sebastián p.s.a. robo calificado -Recurso de Casación-" (Expte. "Y", 02/2007).

Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia, rta. 6 de octubre 2008.

 

SENTENCIA NUMERO: DOSCIENTOS SETENTA Y SEIS En la ciudad de Córdoba, a los seis días del mes de octubre de dos mil ocho, siendo las once horas, se constituyó en audiencia pública la Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia, presidida por la señora Vocal doctora Aída Tarditti, con asistencia de las señoras Vocales doctoras María Esther Cafure de Battistelli y María de las Mercedes Blanc G. de Arabel, a los fines de dictar sentencia en los autos caratulados "YURGENS, Alfredo Sebastián p.s.a. robo calificado -Recurso de Casación-" (Expte. "Y", 02/2007), con motivo del recurso de casación interpuesto por el Asesor Letrado del 13° Turno, Dr. Erik Griotto, en su carácter de defensor del imputado Alfredo Sebastián Yurgens y como representante promiscuo del menor Matías Michael Luna, en contra de la sentencia número veintinueve, dictada el veintiuno de septiembre de dos mil siete, por la Cámara en lo Criminal de Segunda Nominación de esta ciudad. Abierto el acto por la Sra. Presidente se informa que las cuestiones a resolver son las siguientes: 1°) ¿ Está indebidamente fundada la sentencia en orden a la participación criminal del imputado Alfredo Sebastián Yurgens y del menor Matías Michael Luna? 2°) ¿Qué solución corresponde dictar? Las señoras Vocales emitirán sus votos en el siguiente orden: Dras. María Esther Cafure de Battistelli, Aída Tarditti y María de las Mercedes Blanc G. de Arabel. A LA PRIMERA CUESTION: La señora Vocal doctora María Esther Cafure de Battistelli, dijo: I. Por sentencia n° 29, dictada el 21 de septiembre de 2007, la Cámara en lo Criminal de Segunda Nominación de esta ciudad, en Sala Colegiada, resolvió –en lo que aquí interesa-: “I. Declarar que Matías Michael Luna, ya filiado, es auotr de violación de domicilio y coautor de robo calificado por el empleo de arma de fuego, en concurso real, en los términos de los arts. 150, 45, 166 inc.2°, segundo párrafo y 55 del C. Penal, no imponiéndole pena en razón de su edad al tiempo de comisión del hecho, debiendo remitirse copia de la presente sentencia al Sr. Juez de Menores interviniente (Leyes 22.278, 22.803 y art. 50 ley 9053). II. Declarar que Alfredo Sebastián Yurgens, ya filiado, es autor de violación de domicilio y coautor de robo calificado por el empleo de armas de fuego, en concurso real, en los términos de los arts. 150, 45, 166 inc.2°, segundo párrafo y 55 del C. Penal y en consecuencia imponerle para su tratamiento penitenciario la pena de siete años de prisión, con trabajo obligatorio, adicionales de ley y costas (arts.5, 9, 12, 40, 41 del C.P., 550 y 551 del C.P.P.)...” (fs.250/260). II. Contra dicha resolución el imputado Alfredo Sebastián Yurgens expresó su voluntad recursiva a fs. 262 de autos, la que fue fundada técnica y jurídicamente por el Asesor Letrado Penal del 13º Turno, Dr. Erik Griotto, quien la encausó a través del recurso de casación, invocando el motivo formal previsto en el art. 468 inc. 2° del CPP. Propicia el recurrente que la sentencia incurre en un doble vicio, previsto por los incisos 3º y 4º del art. 413 del ordenamiento adjetivo, en relación al hecho por el cual se les atribuyó responsabilidad a sus defendidos por los delitos de robo calificado por el uso de arma de fuego y violación de domicilio en concurso real (arts. 45, 55, 166 inc. 2° y 150 del C.P.). En primer término, estima que la sentencia en relación a este suceso, se apoya decisivamente, en prueba ineficaz, por no haberse incorporado legalmente al debate. Concretamente, se refiere a que las actas de secuestro de fs. 12, 13 y 14 y de inspección ocular de fs.10, carecen de eficacia probatoria porque en ellas figura que el procedimiento policial sobre el cual dejan constancia, el secuestro de los efectos sustraídos y la vista del lugar del hecho, fue llevado a cabo por el Sargento Marcelo Gustavo Flores, cuando en rigor de verdad el mismo estuvo a cargo del Cabo Diego Andrés Santander, contrariamente a lo que en aquéllas consta. Señala que el Cabo Santander en oportunidad de prestar declaración durante la audiencia de debate indicó que: al lugar concurrieron otros móviles policiales, cuya dotación efectuó un rastrillaje por la zona recorrida por los autores, a raíz de los cuales fueron encontrados un bolso y una mochila que contenían parte de los efectos sustraídos, no pudiendo precisar quién o quiénes en particular los localizaron. La defensa confirma que el Sargento Flores no estuvo presente al momento de efectuarse los secuestros, toda vez que el mismo Cabo Santander detalló que fue aquél quien lo envió a confeccionar las actas de secuestro, también refirió que quien lo acompañó en el recorrido para la elaboración de las actas fue la Oficial Palacios y sin que en ellas obre la firma de la referida funcionaria policial. Por consiguiente y a juicio de la defensa las actas de secuestro de fs.12, 13 y 14 y de inspección ocular de fs.10 son nulas, puesto que su contenido es falaz, ya que no se condice con lo que verdaderamente ocurrió. También plantea la nulidad de las actas de aprehensión de fs. 8 y 9, puesto que en ellas se da cuenta de que la sujeción del imputado Alfredo Yurgens y del menor Matías Luna habría sido a la vuelta del domicilio de los damnificados y no en su frente. En efecto, destaca que el contenido de aquéllas no es acorde con lo relatado por los testigos Adrián Jular, Damián Jular y Ariel Jular, quienes manifestaron que uno de los asaltantes, posiblemente el menor Luna, fue aprehendido en la puerta de su casa; en tanto que, las actas de fs. 8 y 9 dan cuenta de que ambos sujetos, el menor Luna y el imputado Yurgens fueron capturados a la vuelta del domicilio de aquéllos. En consecuencia, considera que el contenido de las actas de aprehensión, en lo que hace al lugar de sujeción, no es acorde con la realidad. A ello le adita, que tampoco hay claridad respecto de a qué distancia se encontraba el móvil policial de la morada de la familia Jular y del lugar donde finalmente quedó ubicado una vez aprehendidos los aquí imputados. Estos datos no resultan menores para la defensa, toda vez que no es igual que el móvil hubiera estado al frente de la casa asaltada, a la vuelta o a setenta metros de aquélla. Insiste en advertir que no sólo resulta controvertida la ubicación del vehículo policial y el lugar donde se produce la aprehensión de los acusados, sino también las circunstancias en que se desarrollaron los hechos que condujeron a este último resultado. Alude a que los dichos de los testigos Jular resultan contradictorios con los de los policías Flores y Santander, en cuanto a la modalidad de la persecución y por ello la defensa se pregunta ¿quién es la persona que fue aprehendida en frente de la casa de la familia Jular? ¿quién es el sujeto que sale corriendo desde el fondo de dicha vivienda hacia el frente y allí es sujetado?, ¿fueron realmente el imputado Yurgens y el menor Luna aprehendidos luego de ser avistados y perseguidos por el Sargento Flores?, o ello no fue así y lo único que puede afirmarse es que ambos fueron aprehendidos a la vuelta del domicilio de la familia Jular sin mediar persecución previa. A raíz de las contradicciones apuntadas es que el recurrente estima que las actas de aprehensión no reflejan la realidad de los hechos en orden a la determinación de la identidad de las personas que huyen y resultan imprecisas en relación al lugar en el que se habrían producido las aprehensiones. Subraya la defensa que tanto es así que los mismos uniformados terminaron aceptando que ambos acusados fueron aprehendidos en las inmediaciones del lugar del hecho y sin poder precisar dónde. En segundo orden, la defensa destaca que la sentencia condenatoria carece de motivación por una clara inobservancia al principio de razón suficiente. En efecto, advierte que la prueba ilegalmente incorporada al proceso tuvo una marcada incidencia en la decisión del a quo, y tan es así que la supresión hipotética de aquélla reduce el cuadro probatorio de un modo tal, que no resulta suficiente para asignarle a su defendido participación en el hecho. Consigna el recurrente que de las descripciones físicas y de vestimenta que brindan los integrantes de la familia Jular, en cuanto a los sujetos que ingresaron a su domicilio, las mismas no coinciden con la que al momento de ser aprehendidos tenían sus defendidos. Destaca que si bien la descripción aportada por Ariel Jular concuerda con la vestimenta que el acta de secuestro de fs. 14 le asigna al imputado Yurgens, cual es, remera mangas cortas de color marrón, pantalón de jean oscuro y zapatillas de color claro y respectivamente al menor Luna un buzo color azul, un pantalón oscuro de jean y unas zapatillas color claro; en relación a ello plantea las siguientes salvedades: Esa acta de secuestro es nula, por lo apuntado en su primer agravio y además, en el acta de reconocimiento de personas de fs. 154, el citado testigo, le atribuyó a Yurgens haber vestido en la ocasión con un buzo gris, pantalón jean claro y zapatillas negras y al menor Luna con un jean claro, un buzo color azul y unas zapatillas rayadas blancas y negras; lo cual no se condice con su primera descripción y revela dudas en relación a la identidad de los sujetos a reconocer. Por otro lado, analiza los actos de reconocimiento de personas llevados a cabo por los testigos Adrián Alberto Jular, Ariel Jular y Damián Jular en la persona del imputado Alfredo Yurgens y del menor Matías Luna, destacando que esos actos procesales arrojaron resultados negativos y anfibológicos. Indica que el testigo Adrián Alberto Jular no reconoció al menor Matías Luna y tampoco al acusado Alfredo Yurgens. En efecto, con relación a éste último su reconocimiento fue de dubitativa alteridad, toda vez que señaló que el sujeto a reconocer esta entre el n °3 y el n° 4, lugares que ocupaban, respectivamente, su defendido y uno de los hermanos del mismo. Sobre este reconocimiento, el impugnante puntualiza que ese testigo, el día del robo habló “cara a cara”, durante aproximadamente treinta segundos, con el menor Luna y el imputado Yurgens mientras se encontraban aprehendidos dentro del móvil policial. Denuncia que, si bien ninguno de los uniformados actuantes indicó, sugirió o indujo a Adrián Jular a acercarse al móvil donde se encontraban los sujetos aprehendidos, tampoco lo impidieron, no obstante estar todo el personal policial alrededor del patrullero. A su juicio y por omisión, el personal policial violó la garantía constitucional de defensa, puesto que no impidió el reconocimiento irregular de los imputados por parte del damnificado Adrián Jular, quedando así contaminadas sus percepciones a los fines del posterior reconocimiento en rueda de personas, por lo cual considera corresponde que se declare la nulidad de ese acto procesal. En relación al reconocimiento de personas efectuado por el testigo Ariel Jular en las personas del menor Luna y del imputado Yurgens, los mismos arrojaron resultado negativo tanto para uno como para el otro. Resalta la defensa que el mismo día del hecho el testigo Ariel Jular declaró que: fueron sorprendidos por cuatro sujetos desconocidos,..., en caso de volver a verlos los reconocería. Sin embargo, en una declaración posterior manifestó que tanto a Alfredo Yurgens como a Luna los conocía del barrio y a ambos los avistó en el momento del hecho. En tal caso, la defensa se plantea, si este testigo conocía desde antes del atraco a ambos imputados ¿por qué no los sindicó desde un primer momento? En cuanto al reconocimiento en rueda de personas efectuado por el testigo Damián Jular, los mismos arrojaron resultado negativo. Además consigna que la persecución efectuada por el Sargento Flores se encuentra desvirtuada por los dichos del Cabo Santander y de los testigos Jular, toda vez que éstos últimos discrepan con aquél en cuanto al lugar de aprehensión de sus defendidos y la ubicación del móvil en el lugar del hecho, con los detenidos a bordo. Por ello, considera que existe una clara incertidumbre respecto a la determinación de la identidad de los asaltantes. A lo anterior, el quejoso le adita la actitud omisiva que tuvo el personal policial al no impedir que uno de los damnificados, Adrián Jular, se acercara al patrullero y observara detenidamente “cara a cara” a los dos aprehendidos. Subraya, que si bien la testigo Silvia Fernández da cuenta de que encontró en el patio de su casa el celular que le había sido sustraído a Adrián Jular, de ello sólo se puede acreditar que se produjo el desapoderamiento, pero no -como sostiene el a quo- que refuerza las versiones proporcionadas por los policías Flores y Santander respecto al lugar y a la forma en que fueron aprehendidos los acusados. Entiende que ello es así, por lo ya denunciado en relación a las irregularidades del procedimiento policial y porque la citada testigo no reconoció a Alfredo Yurgens. Observa el impugnante que, si las nulidades previamente planteadas resultan de recibo, ello conduce a privar de prueba directa al supuesto de que fueron sus asistidos, el imputado Yurgens y el menor Luna, quienes participaron en el hecho de robo que aquí se investiga, y al no ser la prueba indiciaria univoca y concordante, no existe mérito para tener por acreditado con certeza el protagonismo autoral de los nombrados. Por todo ello solicita la nulidad de la sentencia, atento a la arbitraria valoración que hay en ella de los elementos probatorios, lesiva de las reglas de la sana critica racional en relación al principio lógico de razón suficiente (fs. 263/275). III.1. Abordando el tratamiento concreto de la resolución en crisis, adelanto que la respuesta al gravamen introducido por el quejoso, debe ser negativa. Dicho análisis se estructurará en dos aspectos sucesivos y subsidiarios, conforme el orden expositivo de los argumentos dados por el recurrente: en primer término, la validez de las actas de secuestro, inspección ocular y aprehensión de los aquí traídos a proceso; y por último, la observancia del principio de razón suficiente en la fundamentación de la sentencia. 2. a. En cuanto al primer extremo, los artículos 134 y 135 del C.P.P. contienen las condiciones generales de contenido y validez de las actas, y el artículo 137, por su parte, fulmina con nulidad la carencia de algunos de ellos en particular. Es claro entonces, que este último texto legal selecciona y así restringe sólo a ciertos requisitos y no a cualquiera de ellos, el efecto invalidante: “el acta será nula si falta la fecha; la firma del funcionario actuante, la del Secretario o testigo de actuación, o la información prevista en la última parte del artículo 135”. En consecuencia, únicamente será el incumplimiento de ellos y no el de algún otro, lo que nulifique el acta defectuosa. Repárese, en este punto, que tanto en la confección del acta de inspección ocular de fs.10, de las actas de secuestro de fs. 12/14 y de las actas de aprehensión de fs. 8/9, se observan todos los requisitos establecidos por el art. 137 del C.P.P., bajo pena de nulidad. b. Ahora bien, atento que el recurrente también hace referencia al contenido falaz de las actas de aprehensión, inspección ocular y secuestro, si con ello pretendía cuestionar la validez de aquéllas, por tratarse de instrumentos públicos y para prescindir de su contenido, debió argüirlos de falsos oportunamente, mediante una acción de falsedad o a través de la impugnación formal dentro del recurso (T.S.J. de Córdoba, Sala Penal, "Ferreyra", A. n° 2, 17/02/1965; "González", A. n° 110, 22/12/83; "DAngelo" A. n° 30, 13/3/97; "Farias", A. n° 40, 11/3/98; "Nadal" A. n° 142, 21/04/1999; "Iturrez", A. n° 147, 21/04/1999; "Fontana", A. nº 193, 01/06/1999; "Lescano", A. nº 251, 21/07/1999; "Porta", A. nº 246, 30/06/99; “Caballero”, A. n° 95, 18/4/02, entre otros), lo que en el caso no fue articulado y por ende obsta a la procedencia formal de su agravio. Por tales motivos, su petición carece de recibo. 2. Corresponde, ahora, analizar si se ha satisfecho el principio de razón suficiente en la fundamentación de la sentencia, segundo motivo por el que se agravia el defensor. Esta Sala ha conceptualizado invariablemente, que la fundamentación de la sentencia debe ser derivada, es decir, respetuosa del principio de razón suficiente. Ello importa que la prueba en la que se basan las conclusiones a que se arriba en la sentencia, sólo pueda dar fundamento a esas conclusiones y no a otras; o expresado de otro modo, que aquéllas deriven necesariamente de los elementos probatorios invocados en su sustento (T.S.J. de Córdoba, Sala Penal, “Acevedo”, S. nº 13, 27/05/1985; “Isoardi”, S. nº 11, 08/05/1996; “Spampinatto”, S. n° 41, 31/05/2000; “Garay”, S. n° 362, 27/12/2007, entre otras). Conforme la merituación del a quo, los elementos convictivos que fluyen razonadamente hacia el grado de conocimiento cierto sobre la participación del incoado Yurgens y el menor Luna en el hecho contra la propiedad, son: * Las declaraciones de las víctimas Adrián Jular (fs. 22), Ariel Jular (fs. 29) y Damián Jular (fs. 30/31) quienes dan cuenta de las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que acaeció el atraco. De sus relatos se destacan sus referencias relativas a que en horas de la noche, mientras estaban durmiendo, previo forzar las rejas de la puerta ventana del living, que da al patio, ingresaron cuatro sujetos, con armas, los redujeron, los golpearon y les sustrajeron efectos personales. Una de las víctimas, Ariel Jular, ese mismo día del hecho describió a dos de los cuatro sujetos que intervinieron en el asalto, a uno de ellos como un menor de aproximadamente 16 años de edad, de 1,76 de estatura, robusto, de cutis oscuro, cabello corto de color negro y ojos oscuros, que vestía un buzo de color azul, un pantalón oscuro de jeans y zapatillas de color claro con rayas oscuras (identificado como el menor de edad Matías Luna) y al segundo de ellos como un joven de aproximadamente 21 años, delgado, morocho y pelo corto, que vestía una remera de color marrón mangas cortas, pantalón de jean oscuro y zapatillas de color claro (quien fue identificado como Alfredo Yurgens). Cabe señalar que si bien al momento de realizarse los actos de reconocimiento en ruedas de personas, el testigo Ariel Jular no reconoce a los aquí traídos a proceso Luna y Yurgens, e incluso en esa oportunidad, los describe de manera muy diferente a como lo había hecho en su versión primigenia; esas discordancias en los dichos del testigo no resultan trascendentales, puesto que las descripciones por él brindadas en su primera declaración se encuentran corroboradas por las actas de aprehensión de fs. 8/9, por los testimonios de los uniformados Flores y Santander (fs. 1/2 y 18, respectivamente), e incluso por las constancias de fs. 279 y 283 de autos, de las cuales se desprende que el imputado Yurgens autorizó a su padre a retirar sus efectos personales consistentes en: una remera marrón, un pantalón de jean y un par de zapatillas. En tanto, el damnificado, Damián Jular (fs. 30/31), señaló que estando reducido en el interior del baño, junto con su padre y su hermano y mientras los asaltantes aún permanecían en el interior de la casa, observó por el ventiluz del baño los reflejos de las balizas de un móvil policial y escuchó varias detonaciones de armas de fuego. En seguida se zafó de sus ataduras y pudo observar cuando el personal policial detuvo a uno de los ladrones en frente del portón de rejas y luego desde la planta alta vio que la policía tenía acorralado a otro de los ladrones en el patio de la casa del lado. Este testimonio guarda relación con la persecución y posterior aprehensión que, de los aquí traídos a proceso, relatan los uniformados Flores y Santander (fs. 1/2, 18 y 255/256); puesto que las pretendidas contradicciones que la defensa considera que existen entre estos relatos, no son tales, claramente se advierte que cada uno de estos testigos da cuenta de distintas secuencias o fragmentos, que han visto, de un mismo hecho y así deben ser analizados. Estos extremos fácticos denunciados, específicamente la participación del imputado Yurgens y del menor Luna en el hecho del robo a la familia Jular, se corroboran por los siguientes elementos de convicción. * La aprehensión en flagrancia del imputado Alfredo Yurgens y del menor Matías Luna, la cual fue producto de la persecución policial emprendida desde el mismo lugar del hecho. El testimonio del Sargento Marcelo Flores (fs. 1/2), quien da cuenta de que fueron comisionados por la central de radios para constituirse en el domicilio de la familia Jular, con motivo de que se habían observado movimientos extraños en la vivienda. Así las cosas, relata que estando en el fondo del patio de la casa en cuestión observó que del interior de ella salían cuatro sujetos, los cuales emprendieron su fuga saltando por las tapias laterales de la vivienda, uno de ellos saltó hacia el cardinal norte y los otros tres hacia el sur. Ante lo cual, el uniformado decidió perseguir a estos últimos, mientras efectuaba disparos intimidatorios al suelo, en la escabullida los tres individuos ingresaron al domicilio de calle Del Cid N° 375 y lo hicieron por un portón que se encontraba abierto. En la cochera de esa vivienda, que era abierta, encontró oculto a dos de los sujetos que venía persiguiendo, uno de los cuales al verlo emprendió precipitadamente su huída, pero sí pudo lograr la inmediata aprehensión del otro. Ese sujeto fue identificado como Alfredo Yurgens y vestía una remera mangas cortas de color marrón y un pantalón de jeans, descripción que claramente se condice con las filiaciones que fueron aportadas por el damnificado Damián Jular, a fs. 30, horas después del hecho y con el acta de aprehensión de fs.8. En igual sentido declaró el Oficial Diego Santander (fs. 18), quien cuenta que cuando llegaron al lugar donde supuestamente se estaría produciendo un robo, el Sargento Flores se bajó y le avisó que vio a unos sujetos salir del domicilio en cuestión y darse a la fuga, en tanto que él mismo escuchó un grito de: “nos están asaltando”. Entonces decidió dar la vuelta a la manzana con el móvil. Al llegar a la calle Del Cid al 375 ve que su compañero había aprehendido a uno de los sujetos, en tanto que el otro siguió su huida trepando por una tapia colindante que da a un baldío, razón por la cual se bajó del móvil, lo persiguió y logró aprehenderlo e identificarlo como el menor Matías Luna, quien en ese momento vestía un buzo de color azul y un pantalón de color celeste (descripción que se condice con las datos brindados por el damnificado Damián Jular a fs. 30 y con el acta de aprehensión de fs. 9). Adviértase que, si bien durante el debate el Sargento Flores incurrió en una confusión: al referir que fue él quien aprehendió a los dos sujetos, tanto a Yurgens como al menor Luna; en este punto, la defensa soslayó que en ese mismo acto, el uniformado Flores señaló: que no recordaba con precisión los aspectos modales que rodearon el procedimiento, pero que sí tenía presente haber aprehendido al imputado Yurgens desde el mismo lugar del hecho, luego de sortear dos tapias y sin perderlo de vista, salvo por los esporádicos segundos motivados por la dinámica de la persecución (trepar, descender, volver a trepar, etc.). También reveló, que está seguro de haber observado los movimientos que culminaron con la aprehensión del menor Luna, aunque no recuerda si los realizó el mismo (fs. 255). Finalmente, este punto fue aclarado por el Cabo Diego Santander durante el debate, quien puntualizó que fue él quien aprendió al menor Luna, aunque no descarta que el Sargento Flores haya podido observar, desde la calle, los movimientos efectuados por Luna (fs. 256). En consecuencia, cabe concluir que ambos uniformados han sido contestes al relatar la trama principal de lo sucedido en relación a la persecución y aprehensión de los aquí traídos a proceso. * Asimismo se valoró el indicio derivado de la tenencia de la res furtiva de la cual los imputados se fueron desprendiendo en la huida y es hallada en los terrenos baldíos colindantes al sur y al este de la vivienda atacada, es decir por donde emprendieron respectivamente su huída los asaltantes. Estos efectos, finalmente fueron reconocidos por el damnificado Ariel Jular (fs. 41 y 256). * El testimonio de Silvia Fernández, vecina de la familia Jular, quien corroboró lo expuesto por el Sargento Flores en relación al lugar y la forma en que fue aprehendido el imputado Yurgens. La misma refirió que su casa se ubica en calle Del Cid N° 375, a la vuelta de la vivienda atracada, y que a ella ingresó un sujeto el cual fue, ahí mismo, sujetado por la policía; que además se escucharon disparos de arma de fuego y al día siguiente encontró en su patio un celular que pertenecía a uno de sus vecinos (fs. 99/100). En relación a los reconocimientos negativos por parte de Ariel y Damián Jular en la persona del imputado Yurgens y del menor Luna, los mismos no logran desvirtuar toda la prueba supra valorada. Por último, el reconocimiento alternativo que efectuó Adrián Alberto Jular entre el número tres, el imputado Alfredo Sebastián Yurgens y el número cuatro, Víctor Omar Yurgens, hermano de aquél, reviste la particularidad de que su vacilación entre uno y otro, bien pudo encontrar su razón de ser en el gran parecido físico entre ambos hermanos (fs. 171/172). En conclusión, puede válidamente sostenerse que el Tribunal de juicio basó su estado conviccional de certeza en la ilación de cada una de las circunstancias fácticas supra señaladas (testimonios contestes de las víctimas, que el imputado Yurgens y el menor Luna fueron aprehendidos en flagrancia, la actitud que tuvieron al advertir la presencia del personal policial y el secuestro de la res furtiva), entramado que valorado en forma conjunta necesariamente acreditan con certeza que Alfredo Yurgens y el menor Matías Luna participaron en el atraco a la familia Jular y todo ello sustenta la conclusión que aquí se embate con adecuado respeto a las reglas de la sana crítica racional. Voto, pues, negativamente. La señora Vocal doctora Aída Tarditti, dijo: La señora Vocal Dra. María Esther Cafure de Battistelli da, a mi juicio, las razones necesarias que deciden correctamente la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto, expidiéndome en igual sentido. La señora Vocal doctora María de las Mercedes Blanc G. de Arabel, dijo: Estimo correcta la solución que da la señora Vocal Dra. María Esther Cafure de Battistelli por lo que adhiero a la misma en un todo, votando en consecuencia, de igual forma A LA SEGUNDA CUESTION: La señora Vocal doctora María Esther Cafure de Battistelli, dijo: Atento al resultado de la votación que antecede, corresponde rechazar el recurso deducido por el Asesor Letrado del 13° Turno, Dr. Erik Griotto, en su carácter de defensor del imputado Alfredo Sebastián Yurgens y como representante promiscuo del menor Matías Michael Luna, con costas (arts. 550 y 551, CPP). Así voto. La señora Vocal doctora Aída Tarditti, dijo: La señora Vocal Dra. María Esther Cafure de Battistelli da, a mi juicio, las razones necesarias que deciden correctamente la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto, expidiéndome en igual sentido. La señora Vocal doctora María de las Mercedes Blanc G. de Arabel, dijo: Estimo correcta la solución que da la señora Vocal Dra. María Esther Cafure de Battistelli, por lo que adhiero a la misma en un todo, votando en consecuencia, de igual forma. En este estado, el Tribunal Superior de Justicia, por intermedio de la Sala Penal; RESUELVE: Rechazar el recurso de casación interpuesto por el Asesor Letrado del 13° Turno, Dr. Erik Griotto, en su carácter de defensor del imputado Alfredo Sebastián Yurgens y como representante promiscuo del menor Matías Michael Luna. Con costas (CPP, arts. 550/551). Con lo que terminó el acto que, previa lectura y ratificación que se dio por la señora Presidente en la Sala de Audiencias, firman ésta y las señoras Vocales todo por ante mí, el Secretario, de lo que doy fe.


 
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